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INSAM home page abril 2011

Última modificación 31/03/2011 13:18

INSAM home page abril 2011. Translated by Mrs. Ismabel Dominguez Hurtado, Cuba.

En la meteorología desde hace mucho tiempo hemos perdido la confianza en las correlaciones arbitrarias y otras relaciones estadísticas sugeridas. A menudo hemos sido advertidos de las conexiones evidentes y asociaciones que se deben a las complejísimas y, en ocasiones muy diferentes, relaciones de causa y efecto que se sugieren por vínculos simples. Pero no ocurre así en algunas ciencias sociales.

Hace un año, Marshall B. Burke y sus colegas publicaron un documento en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (de América), PNAS, bajo el título "El calentamiento aumenta el riesgo de guerra civil en África". No sólo lo hacen desde la distancia, con el propósito de previsión, con la relación indirecta más lógica, a través de poner en peligro los recursos, entre la sequía y los conflictos, ya que "los modelos climáticos no están de acuerdo tanto en el signo y la magnitud de los cambios en las precipitaciones futuras sobre la mayor parte del continente africano". También argumentan que pocos estudios han considerado explícitamente el papel de la temperatura, sin tener en cuenta que este podría ser el caso debido a las obvias simplificaciones involucradas. Si quieren ver lo que resulta según mi mirada, los muy confusos métodos estadísticos aplicados al sufrimiento humano de la guerra en África, véase: www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.0907998106

Luego, en septiembre pasado, Halvard Buhaug atacó el enfoque anterior, también en PNAS. Él trata otros métodos estadísticos que muestran prácticamente ninguna correlación entre los indicadores de cambio climático y la frecuencia de las guerras civiles en los últimos 50 años en el África subsahariana. Argumenta que la variabilidad del clima es un pobre predictor de los conflictos armados y que "las principales causas de la guerra civil son políticas y no ambientales" (www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1005739107). Estas afirmaciones opuestas no pueden ser sorprendentes, porque el primer grupo de autores son economistas y científicos políticos, mientras que Buhaug es lo que solemos llamar en los años setenta un "polemólogo"1, un investigador "estudioso de la guerra".

Antes reto también la última declaración de Buhaug, hago uso de un debate sobre los dos resultados contradictorios antes mencionados en Nature, de fecha 6 de septiembre de 2010 (http://www.nature.com/news/2010/100906/full/news.2010.451.html).

Esta comienza informando que los dos autores particularmente cuestionan la manipulación de los conjuntos de datos de cada uno. Pero a continuación citan al director del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático en Alemania al decir que "incluso si los datos y los métodos fueron a la altura - que no son - el " ruido ocasional" sería demasiado fuerte como para discernir las actualmente todavía débiles señales de clima en las guerras civiles". Esa misma discusión en Nature también cita varios estudios que muestran que los conflictos en el África subsahariana y en otras partes incluyen componentes relacionados con cambios en los niveles de escasez de recursos, que sabemos que son, sin duda climáticamente dependientes.

Creo que el principal problema de los estudios y debates hechos es que comparan "manzanas" con "peras", se confrontan cosas muy distintas, aunque ambas son frutas. No hay dos conflictos similares en el África subsahariana, ni en otras partes del mundo, pero esto sólo se entiende cuando se mira en lo esencial de cada conflicto por separado. Pero en los análisis estadísticos, todos ellos son lanzados a un montículo para que sea posible encontrar factores ambientales comunes que, incluso aun cuando participan, lo hacen de maneras tan diferentes que su peso e influencia real no se puede comparar de ninguna manera. Pero las estadísticas lo hacen y por lo tanto es simplemente un mal enfoque de estas cuestiones. Sin embargo, esto no significa de hecho que la escasez y la competencia por los recursos no están involucradas en conflictos y guerras.

He encontrado esto muy bien ilustrado en "El décimo paralelo" de Eliza Griswold (Farrar, Straus y Giroux, Nueva York, 2010) bajo el subtítulo "Ubicación de la línea de falla entre el cristianismo y el Islam". Este libro nos dice que los conflictos religiosos a lo largo del décimo paralelo norte del Ecuador, en África (Nigeria, Sudán, Somalia) y Asia (Indonesia, Malasia y Filipinas), también están los conflictos sobre la tierra, el agua, el petróleo y otros recursos naturales. "La fe está relacionada con lucha (de la gente) por los recursos y la supervivencia" (p. 12). Además, puedo confirmar, desde nuestro trabajo sobre la desertificación en los años ochenta y los noventa en África, Sudán, en particular, Nigeria y Kenia, que los problemas sociales entre los grupos religiosos, étnicos y políticos están, como dice Griswold, "fomentados por la drástica falta de educación y servicios"(p. 41) ¡Y aquí es donde todos los que trabajamos en la ciencia aplicada, también en agrometeorología, participamos!

"Cuando hay injusticia (social y económica), el conflicto continuará" (p. 64). "Los ancianos (en Sudán), también entendieron que su pueblo no estaba simplemente compitiendo por las tierras de pastoreo, o incluso de petróleo, que eran peones en un conflicto más grande" (p. 123). "[…] Los cristianos estaban compitiendo día a día con los musulmanes en tierras forestales de cultivo para el ébano y el cacao. Sin embargo, al mismo tiempo, los dos lucharon (internamente unos con otros así como entre grupos SK.) sobre cual visión del mundo y forma de vida dominarían (p. 176). "El conflicto aquí y en el resto del mundo no es sólo político", dijo, "es económico, social, todo lo que una persona necesita" (p. 260).

Todos debemos convencernos de que no puede incluirse esto en ninguna estadística. Para el año calendario por venir ojalá que podamos tener más influencia con nuestra agrometeorología y prácticas relacionadas con la educación y servicios aplicados a la satisfacción de las necesidades básicas de todos, independiente de nuestras creencias y procedencias. Y para todos ustedes personalmente, me gustaría que algunos de sus sueños puedan hacerse realidad de una manera que no perjudique a nadie y refuerce nuestros objetivos comunes, una vez más independientes de nuestros orígenes y creencias. Conjuntamente podemos hacer de este mundo un lugar mucho mejor para todos, también ¡estadísticamente!

1 Esta palabra no aparece registra en la Real Academia Española. En algunos textos aparece como filósofo de la guerra.

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